SOBRE MI ABUELO LLAMADO MANUEL EDUARDO FERNÁNDEZ DEL AMO
Ya hay un español que quiere vivir
y a vivir empieza,
entre una España que muere
y otra que bosteza.
"Españolito que vienes
al mundo te guarde Dios,
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón "
Corría el año 1936 cuando empezaron en Ronda las persecuciones, Primero empezó por las iglesias que eran pastos de las llamas, destrozos y persecución de los sacerdotes.
Hoy quiero hablar de Don José Parra Grossi, Consiliario de Ronda y de la relación con la familia. Vivían en la calle El Cristo de dicha ciudad, eran vecinos de mis abuelos, ellos vivían arriba y mis abuelos y sus diez hijos en la planta baja.
Eran solo dos hermanos Mariquita y él, por lo que Pepito se bajaba a jugar abajo con los niños Fernández. Desde pequeño decía que quería ser sacerdote por lo que el juego principal era montar un altar y el decía misa que los demás niños escuchaban con devoción.
Un día jugando se enganchó Pepito una oreja con un perchero en la casa de los Fernández hiriéndose y teniendo que ir el practicante a darle puntos.
Ya de mayor entró en el seminario y se hizo sacerdote. Cuando empezaron las persecuciones se encerró en su casa sin salir a la calle y cuando preguntaban por él se decía que había desaparecido hacía mucho tiempo y no se sabía nada de él.
Mi abuelo tuvo que dejar de ir al trabajo pues también lo buscaban para llevárselo a las checas, pues decían que leía el ABC y tenía a sus hijos en colegio de curas pues estudiaron todos en los salesianos.
A mi tío Manolo también habían empezado a buscarle pues le había denunciado un bedel del colegio porque lo había pillado haciendo una pintada que decía: "VIVA CRISTO REY" .
En la casa donde vivían había un poco antes un repecho, y al subir la cuesta los coches o camiones renqueaban y entonces se creían que paraban en la puerta de la casa, para seguir con la "saca" como le llamaban cuando iban a detener a alguien, para llevarlos al "paredón" o sea a fusilarlos.
Manolo mi tío y el escapaban por los tejados, un día no se percataron de que estaban allí llamando violentamente a la puerta. Mi abuelo y mi tío -que tendría unos dieciséis años-, no estaban por suerte en la casa pero si Don José que aunque joven ya no se le llamaba Pepito como cuando niño. y pudo bajar a la casa de mis abuelos mientras los milicianos registraban su casa.
Mi tía Antonia que era la mayor de todos en ese momento no tuvo otra ocurrencia que entrarlo en un arcón y echar la llave.
Aporrearon la casa de mi abuelo, todos rezaban para que no llegaran en ese momento padre e hijo. Entraron los milicianos y empezaron con el registro, y toparon con el arcón. Intentaron levantar la tapa y pidieron la llave. Mi tía que era muy valiente se hacía la remolona e iba bien despacio, rezando por el camino para que ocurriese algún milagro, pero los milicianos esperaban con paciencia. Al final no tuvo más remedio que abrir muerta de miedo. Y lo primero con que se toparon fue con un montón d túnicas de nazarenos de las procesiones de Ronda, de Nuestro Padre Jesús y empezaron a reírse de ellas.
-¡Mira que beatas!
Y a insultarlas y mi tía heroica y asustadísima se puso delante del arcón y les dijo:
-¡Ea, ya habéis visto lo que hay aquí y no quiero que las ensucieis y bajando de un golpe la tapa echó la llave.
Los milicianos dijeron de llevarsela y se burlaban de ella. Pero ya perdido el miedo les decía:
-¿Pero que decis si a mas de uno os he visto yo vestido de nazarenos con esta túnica en las procesiones.
la famila se tuvo que mudar de casa por la ansiedad que mi madre tenía por motivo del frenazo que hacían los coches cerca de su casa. Y fueron al chalet donde estaba mi abuelo a buscarlo. Mientras que mi tía les abría la puerta mi abuela se lo llevó dentro y no tuvo otra ocurrencia que esconderlo en el gallinero levantando el suelo que era un grueso hule negro y les echó mucho grano a las gallinas con la idéa de que se pusieran encima y disimular el desnivel del suelo.
una vez más las mujeres de la casa los habían salvado.
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